Los
carniceros Olmert y Barak y la responsabilidad internacional
Michael Warchawski / Alternative
Information Center - Rebelión
*
Más de cien habitantes de Gaza han muerto masacrados como consecuencia de los
misiles y bombardeos de los últimos días, y la lista crece con cada hora que
pasa. Ariel Sharon, en comparación con el equipo de asesinos Olmert-Barak,
parece ahora un discípulo de Mahatma Gandhi: la masacre de Yenin, que en 2002
provocó una inmensa indignación internacional, causó muchas menos víctimas que
la actual agresión israelí contra Gaza. Sin embargo, la reacción de ahora de la
comunidad internacional es mucho más suave que hace seis años.
¿Por qué?
Esta pregunta debería estar en el núcleo de la reflexión del movimiento de
solidaridad internacional y, más en general, de la resistencia global.
Los crímenes de guerra israelíes son sólo posibles porque en los últimos seis o
siete años la comunidad internacional ha dejado completamente de presionar al
gobierno israelí, es más, en realidad ha pasado a ayudarle. Esto no fue siempre
así, al menos por parte de la mayoría de los gobiernos europeos, que solían
oponerse a la estrategia de la “guerra global preventiva sin fin” de la
administración neocon estadounidense, y defendían una estrategia de estabilidad
global en vez de la política de caos global de Bush y su panda.
El aumento del neoconservadurismo europeo (el Presidente francés Sarkozy es un
vivo ejemplo de este fenómeno) representa un nuevo desafío para el movimiento
de solidaridad y, más en general, para el movimiento anti-globalización en todo
el mundo: la estrategia de la guerra global ya no es un monopolio de la
administración estadounidense (apoyada por unos cuantos países, como el Reino
Unido), sino de la “comunidad internacional” como tal.
Este es, sin duda, un cambio que la Resistencia Global debería tomar en
consideración de forma muy seria: hay una guerra mundial y todos formamos ahora
parte de ella. Es una prioridad candente que trabajemos en aras de un
movimiento internacional unido antibelicista que se enfrente a esa “comunidad
internacional” alineada con la guerra global de Washington.
¿Qué tiene que ver todo esto con Gaza? Pues que Gaza es la primera línea de la
resistencia a esa ofensiva. Si Gaza capitula, Washington y Tel Aviv se sentirán
con las manos libres para lanzar un segundo ataque contra el Líbano y para
atacar Irán. Saben bien que Gaza, el Líbano, Siria, Iraq y Afganistán son
diferentes batallas de una misma guerra, y están concentrando sus fuerzas para
conseguir que Gaza, su pueblo y sus elegidos dirigentes, se rindan.
Comprenderlo así es algo que debería penetrar también en el movimiento global
para poder llegar a una conclusión: los palestinos de Gaza están luchando no
sólo por sus propios derechos y dignidad, sino por la libertad de todos los
pueblos del mundo; están resistiendo frente a los dirigentes unidos del Imperio
y su intento de transformar en esclavos a los pueblos de nuestro planeta,
incluyendo las clases trabajadoras de las metrópolis industrializadas.
Nadie en nuestro campo, el campo de la resistencia mundial ante el Imperio,
tiene derecho a escapar del deber de solidaridad total con la Resistencia de
Gaza bajo el pretexto de que no le gustan los dirigentes que el pueblo
palestino de Gaza ha elegido. Lo mismo debería decirse sobre el pueblo de Irán.
Como base de la campaña de solidaridad con Gaza, uno debe pedir un bloqueo
contra Israel mientras no se levante el bloqueo contra Gaza. Un boicot
económico, político y cultural hacia un Estado que se ha puesto a sí mismo, por
sus crímenes de guerra, fuera del mundo civilizado: hasta que no acaben los
sangrientos ataques contra Gaza y se levante el estado de sitio, el deber de la
gente decente es decir, alto y claro: No queremos relaciones de ningún tipo con
el Estado criminal de Israel.
* Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández