Más
allá del 13 y 14 de Abril
Salvatore Cannavò*
La crisis política que
ha llevado a las elecciones anticipadas es también en realidad fruto de una
crisis sistémica del capitalismo italiano, embarcado en una crisis económica
internacional –a pesar del silencio de los mass media- como la que está
viviendo el capitalismo. De este aspecto deriva también la fase constituyente
del sistema político italiano del que esta edición electoral pone la primera
piedra. En la izquierda, a una escala más reducida, se vuelve al esquema de los
años noventa: las “dos izquierdas”. Sinistra Critica decidió presentarse a las
elecciones para invertir en la reconstrucción de la izquierda anticapitalista,
tarea con la que nos encontraremos inmediatamente después del 14 de Abril.
Desde hace mucho tiempo venimos escribiendo en esta revista [ERRE] que en
nuestro país se ha cerrado un ciclo político. Las elecciones del 13 y 14 de
Abril, más allá de sus resultados, constituyen la evidencia de esta afirmación.
Las elecciones anticipadas han sido resultado de una crisis evidente del
gobierno Prodi, en ruptura con su propio electorado que esperaba un cambio
después de años de berlusconismo y que en vez de esto se ha encontrado frente a
la típica menestra liberal, filopatronal y guerrera. Pero ha sido también el
fruto de una crisis más profunda, sistémica, con un capitalismo italiano
carente de una representación política estable y adecuada a los tiempos. La
crisis ha permitido afrontar directamente este dificultad con el inicio de una
nueva fase de construcción de sujetos políticos más definidos, a través de la
formación de un Partido Democrático del capital –capitaneado por Veltroni-, al
que Berlusconi ha intentado contraponer un partido de derecha lo más orgánico
posible. El pacto entre ambos no ha ido dirigido a realizar acuerdos amplios
minimalistas, en la forma de un gobierno técnico o institucional, sino que es
funcional a un acuerdo más de fondo, capaz de estabilizar el país y de abrir
una nueva fase.
Elecciones constituyentes y por tanto no finalizadas solamente con la
recolección de votos sino también dirigidas a la constitución de proyectos
políticos orgánicos. Sin embargo, es una fase constituyente elegida lúcidamente
sólo por los principales antagonistas que ausentes de prejuicios han organizado
dos alineamientos más o menos homogéneos, desembarazándose de incómodos
aliados, los cuales, de un día para otro se han encontrado ante un escenario
completamente nuevo capaz de subvertir las presiones precedentes. Es por
ejemplo el caso de la Unión Democrática Cristina (UDC) de Pier Ferdinando
Casini, proyectado hacia una nueva fase de gobierno y que ha debido
reconsiderar toda su estrategia. Este es también el caso de la “izquierda de
gobierno”.
Quien no había contado con esta carrera solitaria, o sólo la había considerado
en parte, es la Sinistra-l’Arcobaleno (La Izquierda Arcoiris), alianza
electoral ocasional en la que el tiempo dirá acerca de su éxito pero que en el
presente explica muchas cosas. La Sinistra-l’Arcobaleno se propone durante un
tiempo mediano colocarse en la oposición. ¿Se trata de una opción coyuntural o
estratégica? La respuesta es a pesar de todo evidente: basta observar el
comportamiento asumido en ciudades “relevantes” como Roma, en la que la
Sinistra se alía establemente con Rutelli [líder histórico de la Margarita
–democristianos- hoy en el Partido Democrático de Veltroni, N.deT.] y en
general por el comportamiento asumido en los ayuntamientos, para saber que la
vocación estratégica de este proyecto está ligada al destino del Partido
Democrático. Por lo demás, los hombres al mando de la empresa son los mismos
que han exaltado la potencialidad reformista del gobierno Prodi, los mismo que
han llevado a sus respectivos partidos a alianzas antinaturales; los mismos que
han solucionado las respectivas oposiciones internas, expulsándolas en algunos
casos. Es muy sencillo un giro a la izquierda asumiendo tonos de radicalidad
extrema después de haber estado dos años asistiendo a sus cuentos sobre la
función pacifista de los Paracaidistas (Folgore) del ejército italiano, la
vocación progresista de una cierta burguesía italiana, la necesidad de sanear
las cuentas pero “con equidad”, la importancia de tragarse las espinas, como en
el caso del Welfare o de la guerra, en nombre de la lucha contra la derecha; la
posibilidad de considerar gobiernos “institucionales” con esa misma derecha;
los ataques al sindicato y después la alianza con el mismo para después volver
al ataque. Una serie de bandazos sin sentido que retratan a un grupo dirigente
condenado a la derrota.
Todas estas agitaciones no pueden esconder lo esencial: su horizonte
estratégico es subalterno al del Partido Democrático (PD) y por tanto al
gobierno del sistema. El ingreso en la “sala de los botones” no ha sido un incidente
en el camino, sino el inicio, evitable, de una vocación profunda bien presente
en los grupos dirigentes del partido Rifondazione Comunista (PRC) y del Partido
de los Comunistas Italianos (PdCI), a la que difícilmente renunciarán. En
realidad, nos encontramos ante una especie de Año Cero, porque a pesar de todo,
esta vocación tiene todavía que hacer las cuentas con la dureza de la derrota
de aquel proyecto ilusorio, y los efectos que provocará no son del todo
visibles con los ojos cerrados. Será necesario que pase el tiempo y servirán
todavía debates, confrontaciones, experiencias fundacionales. Pero hoy la
izquierda se encuentra en el año cero y las elecciones, constituyentes de una
nueva fase política, resultan constituyentes también para los destinos de la
izquierda.
Delante de nosotros tenemos un escenario análogo, en escala más reducida, de
los signos de la crisis en la que estamos inmersos y de la dificultad de la
tarea. Como en los años noventa, estaban las “dos izquierdas”, una moderada y
posibilista y otra alternativa y anticapitalista –representadas respectivamente
por dos partidos bien estructurados como los Demócratas de izquierda (DS) y el
PRC -, hoy también nos encontramos en la misma situación. Acomodada en el
“centro”, con la formación del PD, la “larga marcha” del PCI, la izquierda está
necesitada de un refundación total teniendo delante dos caminos: el que lleva a
una lógica “frentista” y que ve la relación con el PD como la vía acceso al
gobierno y el que lleva a una estrategia antisistémica, nítidamente
anticapitalista y de clase que apunte a agregar un amplio bloque social,
mediante un proyecto de implantación y una plataforma de lucha y de propuesta
alternativa a los dogmas del capital, probando a reabrir el tema de la
transformación social. La Sinistra-l’Arcobaleno ha tomado el primer camino, con
muchas contorsiones internas que pueden dar lugar a tensiones internas pero
cuya marcha está ya trazada. Esto no quiere decir que no se pueda encontrar
caminos de unidad de acción, en temas específicos, objetivos inmediatos,
conflictos y reivindicaciones políticas. Es el camino que siempre hemos
defendido y que continuaremos a practicar en el futuro.
Una cosa está clara, nosotros hemos emprendido el segundo camino, conscientes
de nuestros límites y de la dificultad del proceso. Es un camino insensible a
las críticas y frecuentado muchas veces por compañeros de aventura
desenfrenados, muchas veces sectarios y poco propensos a confrontarse con la
enormidad de la tarea. Reconstruir una izquierda anticapitalista amplia,
implantada, con influencia de masas, requiere de una voluntad de confrontación
y de trabajo en común que hoy late, y de la que se han hecho algunas pruebas a
nivel de movimiento, en los Pactos contra la guerra o la precariedad. Sin
embargo estamos muy por debajo de lo necesario. Por eso pensamos que nuestro
reforzamiento, en tanto que Sinistra Critica, es también útil para una
perspectiva que vaya más allá de nosotros.
Sinistra Critica ha tomado el camino de las elecciones no por electoralismo o
por ambiciones institucionales. Si las hubiéramos tenido, habríamos permanecido
en nuestro puesto buscando la reelección –como hacen tantos antagonistas más o
menos radicales- privilegiando la tranquilidad de un área de oposición interna al
PRC o en la coalición. Hemos elegido, sin embargo, un camino mucho más difícil,
dirigido a construir un sujeto político autónomo, el Movimiento Sinistra
Critica, y a reforzar nuestros instrumentos, nuestra potencia como proyecto. Lo
hemos hecho también en el terreno más resbaladizo y desfavorable que la
izquierda de clase conoce: a través de la condición de “competición entre
pobres” que si hubiese dependido de nosotros, hubiésemos evitado ciertamente.
Pero lo hemos hecho porque el camino de la refundación de la izquierda de clase
sólo puede pasar por la confrontación general, en el plano político, con las
otras formaciones de izquierda. Seguimos convencidos de la necesidad de una
forma partítica para que tenga éxito la refundación de la izquierda de clase y
que esta forma no puede ser simplemente autoproclamada o ser reducida a un
movimiento de opinión. La originalidad de Sinistra Critica está también aquí,
más allá de una vocación militante y de trabajo social que pocas formaciones
políticas pueden superar.
Nada cambia en lo relativo a nuestro empeño en los movimientos y en la
centralidad de los mismos en nuestro plan estratégico. También las elecciones
pueden constituir una ocasión para realizar un proyecto de larga duración y
representar la oportunidad del refuerzo organizativo y político. Sabiendo que
ninguno puede arrogarse el derecho de representación sujetos complejos y
autodeterminados como son los movimientos y que el plano electoral no agota el
terreno de la representación política, que en una lógica de transformación
radical, tiene también otros ámbitos e instrumentos. Con las elecciones no se
agota ni el proceso de formación de Sinistra Critica ni el de la construcción
de una izquierda anticapitalista, si efectivamente se camina en esta dirección.
No nos hacemos ilusiones, la vida política va más allá del 14 de Abril pero
pasa necesariamente por esta fecha. Meteremos toda la carne en el asador y más
que en cualquier otro momento necesitamos un apoyo mucho mayor.
Traducción: Carlos Sevilla Alonso