¿Fin
de Reinado?
Pablo
Stefanoni, Viento Sur
Un monumento y una avenida en
honor al líder anticomunista taiwanés Chiang Kai-Shek en plena Asunción son
algunas de las huellas que conducen al Paraguay de Alfredo Stroessner, el
dictador que gobernó con mano de hierro durante 35 años y albergó a criminales
tan resonantes y oscuros como el médico nazi Josef Mengele o el dictador
nicaragüense Anastasio Somoza. Pero desde antes, esta "isla rodeada de
tierra", como la llamó Roa Bastos, estaba en la mira de otros fanáticos:
ya en el siglo XIX, Bernhard Förster, cuñado del filósofo alemán Friedrich
Nietzsche, intentó construir una colonia aria para hacer realidad sus tesis
racistas. Y allí se asentó el primer partido nazi fuera de Alemania.
En 1989, la caída de Stroessner
a manos de su consuegro, el general Andrés Rodríguez abrió una transición en la
que poco cambió. La "democracia" mantuvo las riendas del poder en
manos de los ex stronistas nucleados en el partido Colorado, que gobierna
ininterrumpidamente desde hace 60 años.
Sin embargo, ahora esta
hegemonía comienza a erosionarse y, detrás de la calma de Asunción, puede
percibirse el nerviosismo de unos y la expectativa de otros ante la nueva
realidad: las encuestas dicen que los colorados pueden perder las elecciones
del próximo 20 de abril y que el candidato para concretar esa hazaña es
Fernando Lugo, ex “obispo de los pobres” de la región campesina de San Pedro,
quien dejó los hábitos en diciembre de 2006 para saltar a la arena política.
Pero Lugo aún es una incógnita: si para unos es el “Evo paraguayo” –con un
fuerte apoyo en el campo y los barrios populares de las ciudades– para otros es
un pragmático moderado cuyas ansias de cambio serán fagocitadas por el
“tradicional” partido Liberal que sostiene su candidatura. “Mbytetépe,
poncho yurúicha” (Estoy en el centro mismo, como la boca del poncho) dijo
en una ocasión.
Desde hace décadas, Paraguay
es un aliado clave de EEUU en Sudamérica y en 2005 generó preocupación regional
la ampliación de la pista de aterrizaje en la localidad de Mariscal
Estigarribia, a 250 Km. de la frontera con Bolivia: sus 3.800 metros permiten
el aterrizaje de los aviones más grandes del stock bélico estadounidense, como
los bombarderos B-52 o los Galaxy, de transporte de tropas y material de
guerra. La excusa de EE.UU. es la supuesta presencia de terroristas de Al Qaeda
en la denominada Triple Frontera.
Pero Paraguay –durante
Stroessner y sus sucesores– se sometió también a Brasilia, a donde se exilió el
dictador en 1989. “Por fin alguien le hace doler la cabeza a Brasil”, dijo Lugo
en relación a su reclamo de renegociar la distribución del producto de la
gigantesca hidroeléctrica binacional de Itaipú. Y los brasileños “invadieron”
también los campos paraguayos para sembrar soya, anexando de hecho zonas
fronterizas.
Hoy Paraguay mira con
atención los cambios continentales, especialmente los procesos de cambio en
Bolivia, Venezuela y Ecuador. Pero el continente –incluyendo los países
vecinos– aún no mira a esta nación que trata de dejar atrás el patético
“realismo mágico” construido por uno de los dictadores más corruptos, longevos
y desconocidos de América Latina y ser un país en serio.